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Celebro que se haya elegido el bosque como tema para este concurso. Es capital en los cuentos tradicionales, en los anhelos escondidos del ser humano. ¿Por qué será? Seguramente, el bosque nos reclama desde el fondo de la especie, de cuando éramos cazadores y recolectores. Representa el largo, larguísimo estado anterior a la invención de la agricultura y de la ganadería, cuando la sociedad no se guiaba por la propiedad privada, por el egoísmo, sino por el principio de que todo era de todos. El bosque suministraba lo esencial para vivir, frutas y animales de pelo y pluma, peces plateados del lago, olorosa leña para calentarse… No nos peleábamos por esto es mío, porque todo era… del bosque. Y el viento silbaba su hermosa canción entre las ramas. También se le llama la Edad de Oro.

Tal vez nunca fue eso así, pero el símbolo del bosque funciona como una nostalgia incurable, un hechizo, un símbolo de aquello que perdimos irremediablemente. Por algo, en lo más profundo del bosque dormía la Bella Durmiente. Por algo, el vellocino de oro era vigilado por un dragón insomne, en el seno del bosque. Por algo Caperucita tenía que cruzar un bosque en primavera, lleno de pájaros cantores y prados de campanillas, margaritas y narcisos silvestres. Pero también había un lobo.

No se sabe bien por qué, el bosque se fue llenando de sentido siniestro, convirtiéndose en aviso de peligro, como diciendo: no seáis insensatos, no regreséis, aquí ya no tenéis nada que hacer. Pero seguimos pensando, en el fondo de nuestras almas, que no es cierto. Que en el bosque tenemos la solución perdida, el remedio para nuestra infelicidad, para todos los males que padecemos. Y es verdad que en los bosques, en la selvas que quedan en el mundo, se cifra la esperanza de medicinas extraordinarias de las que nada sabemos todavía.

Sin duda han sido empujados por esa añoranza, y por esa esperanza, los participantes de este concurso. Alex buscará en el doctor Tor, y en el agua del lago más puro de la Tierra, cómo curarse y transformarse él mismo en un Magic Boy, para curar a todos los demás niños. Y Soñador, el pino más viejo del bosque, sentirá un día la fuerza destructiva de los taladores, cuando ya ha visto el mar por encima de las copas de los demás pinos. Y el niño urbano que ve desde su cama de hospital el bosque, que al principio no le dice nada, acaba sintiendo que huele igual que su amiga Amanda. Y Cecilia, que una mañana descubre que no puede andar, aguarda la llegada de la Noche de San Juan a la Tierra Extraña, llena de brujos, magos y hechiceros; la noche en la que el fuego destruye todos los males y hace renacer la verdad.

Es bueno, es reconfortante para todos, que quienes más padecen la lejanía del bosque nos enseñen a creer en él, nos devuelvan a la Edad de Oro de la conciencia, nos enseñen el camino de la solidaridad, tantas veces perdida.

Antonio Rodríguez Almodóvar


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La obra está bajo una licencia
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ISBN: 978-84-95726-98-8
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